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Diluvio

Verónica Vergara Jaramillo

 

Existes muchos imaginarios tejidos alrededor de la cultura afrodescenciente, en donde se mezclan los relatos de la Biblia con evidencias físicas, que algunos llamarían evidencias científicas, para dar explicación a eventos que en ella se relatan.

En un viaje realizado al Chocó, un departamento que queda al occidente del país, linda con el océano Pacifico y es uno de los lugares más paradisiacos de Colombia; en el municipio de Tadó, tuve la oportunidad de visitar numerosas minas artesanales, semi mecanizadas y de retro, pues estaba desarrollando mi trabajo de campo indispensable para terminar mis estudios en el área de Antropología, la cual adelantaba en la Universidad de Antioquia. Allí con los mineros y el trabajo con la comunidad se hacen evidentes la riqueza de sus conocimientos, además del sincretismo entre lo que llamamos ciencia y los relatos bíblicos.

El Chocó es un paraíso, con gran variedad de especies de flora y fauna que en algunos casos sólo existen en éste sitio; no es raro entonces que mientras camina uno por la carretera se tope con mapaná X, serpientes de todos los colores y tamaños e igualmente sapitos y ranas de gran colorido, así mismo son gran variedad de especies forestales las cuales han generado con el paso de los siglos, en determinados lugares, una masa de turba que se ve en el corte transversal de la tierra cuando los mineros hacen los socavones para realizar minería artesanal.

Los campesinos afrodescendientes son personas muy alegres que a todo le tienen su explicación, ya sea desde las experiencias o desde el sincretismo, desde lo cual, poco a poco van dándole forma a su historia y a sus creencias, esencia que le da sentido al territorio, pues son estas las que le permiten arraigarse y dar explicación a asuntos como el de la turba o al de la ausencia de oro en un terreno.

Una mañana de Octubre de 2003 el la mina de “Los Rengifo” del municipio de Tadó, nos encontrábamos trabajando e indagando con los mineros a cerca de cómo sacaban el oro y sobre la organización tradicional, y fue muy particular ver como los mineros en medio de su trabajo me llamaban entusiasmados para que viera las pruebas del diluvio universal; muy ansiosa corrí con mi compañero hacia ellos y éstos muy emotivos y orgullosos por lo que me iban a enseñar me llevaron hasta abajo al plan (es la parte del socavón en donde se ha encontrado la veta de oro y desde donde se empieza a cavar para sacar el oro) y me mostraron la turba.

Minero: Si ve seño, eso es del diluvio
Verónica: ¿Del diluvio?
Minero: Si, el de la Biblia.
Verónica: ¿Cómo que del diluvio de la Biblia?
Minero: ah… ¿es que usted no sabe que hubo un diluvio que tapó toda la tierra?
Verónica: bueno más o menos, contáme pues como fue el cuento.
Minero: bueno lo que pasó fue que hubo un diluvio universal, entonces llovió en toda la tierra y tapó todo de agua y entonces los árboles se enterraron por el agua y quedaron estas hojas enterradas así como las ve aquí.

Tras esta breve explicación no era conveniente decirle no señor eso no es del diluvio eso es turba, lo cual es un… “material orgánico compacto, de color pardo oscuro y rico en carbono. Está formado por una masa esponjosa y ligera en la que aún se aprecian los componentes vegetales que la originaron. Tiene propiedades físicas y químicas variables en función de su origen. Se emplea como combustible y en la obtención de abonos orgánicos” (Definición de Wikipedia)

Entendiendo que éstas son sus creencias y que no debo dar explicaciones científicas del cuento (cosa que comúnmente hacía), trato de poner más atención a lo que me dice y no es tan difícil encontrar su lógica, sin embargo, me atrevo a hacer algunas observaciones, más con el objetivo de hacerle ver al minero que estaba interesada en todo lo que me decía.

Verónica: Pero tuvo que haber llovido mucho
Minero: Si, y es que la Biblia dice que llovió por 40 días y 40 noches, eso es mucho y como fue un diluvio cayó mucho agua, imagínese.
Verónica: (me doy cuenta que el minero tiene conocimiento de los pasajes de la Biblia y que no es sólo que alguien le dijo), ah…, y donde dice eso la Biblia
Minero: pues eso lo dice en…, ah, yo no me acuerdo pero si lo dice
Verónica: ¿Y todo lo que dice la Biblia si es cierto?
Minero: Claro no ve que es palabra de Dios (pero al terminar de decir esto me mira indignado, ya que lo estoy poniendo en duda)
Verónica: y no será que esto tiene otra explicación.
Minero: no, no ve que el padre de Tadó nos dijo, nos dijo que esa tierra que encontrábamos así con hojas y todo era prueba de que la Biblia decía la verdad.

Ah…, ya todo se aclara.

A pesar de estar todo muy claro desde las creencias del campesino que me explicaba como se formaba la turba (es que eso se inundó todo y quedaron las hojas bien aplastaditas como están aquí vea, si ve?, mire), quise saber si desde la religión se manejaba este tipo de información para dar explicación científica a los relatos de la Biblia, a lo cual no era muy optimista. Pero sorpresa, al darme cuenta que no solo la turba hace parte de los expedientes prueba de la religión católica sino también algunos barcos encontrados en altos peñascos a lo cual alegan es el Arca de Noé. A ello, varias embarcaciones pequeñas se disputan el trono de ser el Arca, pero ninguna es tan grande como para que quepan todos los animales del planeta y además en parejita.

Según la Biblia en “El año seiscientos de la vida de Noé, el segundo mes, el día diecisiete del mes, en ese día se soltaron todas las fuentes del abismo y las compuertas del cielo se abrieron...”, al continuar éste recorrido por lo del diluvio universal, me fui enterando que no solo lo del diluvio es un relato de la Biblia sino también de varias religiones y pueblos del mundo. Diluvios que oscilan entre 5 y 52 años lo cual da pie a que sean reales pero no tienen una sola lógica y no es exclusividad de la religión católica.

El minero quedó muy satisfecho con la explicación, le dije que me regalara un poquito de las hojas que me las quería llevar para la casa cogió un poquito y me las entregó, recuerdo que las guardé en un cuaderno pero se me dañaron luego de secarse.

Lo interesante del cuento la capacidad del ser humano para argumentar sus creencias.

 

 

Verónica Vergara Jaramillo . Antropóloga, egresada Universidad de Antioquia.
Contacto: veronica@homohabitus.org

     
 
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