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Jorge Fidel Castro Ruiz
“Mata” es el nombre que se le da a una planta por cariño o por no saber, “a ciencia cierta”, como se llama. Tenemos las decorativas, curativas, alimenticias, venenosas y hasta las compañeras o amigas; además, “esas otras”, que llamamos “maleza”. Aquellas definidas en los diccionarios como malas hierbas de los sembrados, espesuras arbustivas o zarzales. ¿Que puede haber en ellas y hasta más allá de ellas en esta ciudad? Al parecer, las “malezas” son las “matas” no deseadas, que ensucian y no producen nada útil al hombre, que invaden y son difíciles de erradicar. Las que en su individualidad normalmente no se identifican por un nombre especial y atentan contra algo planificado en aras al beneficio económico o al embellecimiento de los espacios habitables. Están del lado de lo sucio, desordenado y abyecto. Es común verlas asociadas a lo otro, que no es lo mío, ni soy yo; al campo “enmontado”, el rastrojo alto y bajo (lo perturbado), lo exótico (que viene de afuera), lo invasivo e infestante; lo salvaje. También con lo enredado o que cuelga y parásita. Lo punzante, astringente, alérgico e irritante y de paso, con una gran cantidad de “bichos” desagradables, peligrosos, vectores de enfermedades. Sin embargo, ellas no lo saben. Por eso mismo, son juguetonas, coloridas, vigorosas, persistentes y secretas. En la sistemática no existen como “malezas”, de hecho, en ella nada es “mata” ni “maleza”. Como todas las plantas, se colectan, comparan, identifican y coleccionan. Tienen usos, relaciones y funciones ecológicas, no sólo entre ellas, sino también con otras plantas, el medio físico y la fauna. ¿Podrán ser buenas salvajes? Cabrá para ellas una categoría que las re-naturalice a la inversa y las vaya sacando, una a una, de la categoría cotidiana de “malezas” a “buenezas”. No parece. Sin titubeos se puede decir que las cosas son como son, no estamos en el film “Mundo acuático”, donde el planeta está sumergido en agua y una “mata” en una maceta vale oro. Comúnmente se dice que poseen propiedades medicinales no aplicadas y otras no descubiertas; o lo que nosotros vimos en un primer momento: una belleza revelada en el detalle, el fragmento y lo minúsculo. Pero que evocó muchas situaciones. Individuales y colectivas, son situaciones o cosas de la ciudad. Luego de un vistazo por calles, canchas, “mangas”, quebradas, parques infantiles u otros alrededores del barrio, las “malezas” son “malezas” y lo seguirán siendo. Pero hay algo que se revela ante ellas, son irremediablemente subversivas al orden, al ornato, a desaparecer… a la muerte. En Homo habitus ahora son, además de todo, elementos para la memoria, el recuerdo y la observación. Son plantas de esta ciudad. Quieres escuchar la versión audio sonowebs de esta cuartilla?
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Jorge Fidel Castro Ruiz. Antropólogo, Universidad de Antioquia. |
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